Todo Zamora era campo

Todo Zamora era campo

Una máquina del tiempo a orillas del Duero.

Soy Manuel Iglesias. Estudié Geología en la Universidad de Salamanca y desde el principió comprendí que me gustaba el trato con la gente. Las exposiciones orales se me hacían siempre cortas y poseía una extraña facilidad para acabar hablando de “piedras” con la gente. Así fue como, supongo, comenzó todo.

Zamora es una ciudad pequeña, en una provincia que se muere poco a poco, mi propósito es hacer algo por ella. La geología que tenemos es una maravilla. De acuerdo, no tenemos Mesozoico pero, ¿qué importa eso? Tenemos el mejor Paleozoico de Castilla y León, relieves de multitud de tipos, glaciarismo, el Duero...

Hace sesenta millones de años corría el agua y así brotaban árboles y crecían miles de especies animales. La configuración de los continentes tal y como hoy la percibimos comenzaba a fijarse. La Antártida viajaba al Polo Sur mientras que Australia y Nueva Guinea se separaban de la vetusta Gondwana, el supercontinente. Entretanto, la India chocaba contra Asia formando el Himalaya; también lo hacía Arabia contra Eurasia, produciendo uno de los acontecimientos más importantes de los últimos períodos geológicos: la Orogenia Alpina.

Las colisiones hacían crecer cadenas montañosas alrededor de Europa. La Península Ibérica –que, por vieja, se había codeado con los grandes cataclismos de eras pasadas- se encontraba desmembrada en un trío de islas. Allí, en mitad de la ínsula del Macizo Ibérico, estaba Zamora*, rodeada de cumbres gigantescas… aunque será sólo más tarde, con la formación de la cuenca sedimentaria del Duero, que desaparecerán, por fin, los relieves y dará comienzo el paisaje que hoy conocemos.

Ante una epopeya estas dimensiones, un geólogo zamorano se plantea cómo no poner a disposición del curioso tal odisea. Es así como, tratando de llegar al mayor número de aventureros, surge Todo Esto Era Campo (TEEC). TEEC, como proyecto divulgativo, trabaja para demostrar que la Geología puede ser un activo tanto turístico como educativo dentro de una ciudad, relacionando varios campos del conocimiento (ciencia, historia, geografía, etnografía, arte, etc.) hacia la delicada tarea de hacer de esta ciencia “nuestra” algo atractivo. Aspiramos también a hacer accesibles algunos de los principales hallazgos o estudios sobre el lugar donde vivimos que, por distintas razones ―que habría que dejar para otro artículo aparte-, tienen poca o ninguna difusión. Invitamos a cuestionar la propia existencia humana.

Pero vayamos al grano: todo comenzó en 2016 con el diseño de dos rutas que tratan de revelar, a través del entorno más cercano, una historia de 400 millones de años. En la primera de ellas -que acabaríamos denominando “Ruta Geomonumental”- callejeamos por el casco antiguo sirviéndonos tanto de las rocas con que se levantaron los monumentos como de los escarpes de la muralla que cerca la localidad. En la “Ruta por el Cenozico”, por otro lado, exploramos el bosque de Valorio ofreciendo una visión distinta al visitante, pues habrá de analizar los elementos que componen el valle fluvial casi cual geólogo de brújula, martillo y sombrero.

Este año 2017, en colaboración con el Exmo. Ayto. de Zamora, hemos dado un pasito más, creando una página web y una aplicación para dispositivos móviles mediante las cuales acceder a las explicaciones y guías de los recorridos propuestos. De esta manera, aquel intrépido de ojos inquietos y oídos intrusos podrá recrearse en una ciudad que ampara el desarrollo de nuevas iniciativas con una experiencia turística que reconoce un valor atípico como la Geología. La piedra románica que hasta ahora soportaba el peso de la ciudad se convierte a través de nuestras lupas, de esta suerte, en máquina del tiempo capaz de transportarnos hasta los momentos más remotos de la formación de la Tierra.

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